Carlos Rojas: «Es increíble mostrar al mundo aquello que ves»

La fotografía ha tenido siempre un papel fundamental en el mundo de las cofradías en cuanto a archivo histórico y divulgación cultural se refieren. La necesidad de querer plasmar aquello que se ve a través de los ojos y la rapidez con la que obtenemos los resultados, ha hecho que evolucione poco a poco una tecnología que, comenzando por una cámara analógica, llegue hasta la actualidad, con la posibilidad de hacer innumerables tomas, de cualquier forma y a ningún coste con tan solo un clic.

Todo comenzó con la invención de la primera cámara fotográfica analógica, la cual se basa fundamentalmente en una cámara oscura interna que captura el exterior y que, mediante procesos manuales, sirvió para comenzar a preservar todo lo que vivimos. Con el tiempo esos procesos manuales han evolucionado simplificándose hasta pasar a ser procesos automáticos, y llegar a su etapa digital actual, que permite conseguir multitud de ajustes, montajes y composiciones desde prácticamente cualquier dispositivo.

No es de esperar que esa necesidad de preservación de lo efímero se traslade a la Semana Santa, una festividad que recoge tantos detalles que es inevitable no prestarles atención, y más aún, guardar recuerdo de ellos. Una afición que ha permitido que tanto las hermandades como los cofrades puedan disfrutar de un amplio archivo que hoy en día está al alcance de todo el mundo, de forma física, o en Internet, donde aquellas fotografías más íntimas de cada una de las vivencias de las hermandades forman parte del patrimonio de la Semana Santa.

Para mí la fotografía consiste en recoger todo eso, esos momentos únicos con el fin de transmitir aquello que mi ojo ve, ya sea mediante una cámara fotográfica, o mediante el móvil, con el fin de disfrutarlos durante el año. Es una forma de plasmar el arte efímero de la Semana Santa, cuyos eventos están cargados de significado personal y que, por una razón u otra, te lleva a tomar cierta fotografía en un cierto lugar. Es un medio en el que me gusta plasmar y capturar los momentos y que, al poder visualizarlos de nuevo, me recuerden a ese preciso instante que viví junto con todos los detalles que sucedieron.

Creo que lo más importante es la gran variedad de perspectivas que otros aficionados y profesionales pueden lograr de un mismo evento en un lugar determinado, y que juntos conformamos una recreación original de ese momento concreto que puede teletransportarte a ese lugar sin haber estado allí.

 

Una de las cosas más bonitas que tiene esta afición es emocionar con la fotografía, algo que no es fácil conseguir, pero que cuando se consigue, el mensaje con el que has querido hacer la fotografía es suficientemente claro como para que la recompensa sea doble. Muchas veces no consiste en obtener muchas fotografías, si no que aquellas realizadas tengan una historia detrás que contar o una esencia que te motive a hacerlas. La Semana Santa tiene tantas estampas inéditas que merecen la pena ser recopiladas, de una forma u otra, con el fin de mostrarlas al público, dando a conocer los secretos más bellos y ocultos que guarda.

A nivel histórico-cultural, la fotografía ha formado parte del mundo cofrade de forma íntegra, ya que desde hace muchos años ha sido posible recopilar fotografías en las diferentes localizaciones de la geografía española. Desde los cambios de vestimentas de las imágenes hasta todos los hechos históricos que han acontecido en las hermandades, es importante su difusión y su clasificación para posterior uso de cualquier índole informativo. Un claro ejemplo es el de la Hermandad de la Macarena (Sevilla), cuyas fotografías antiguas narran de manera gráfica la historia viva de la hermandad, con fotografías tan conocidas como la de la Virgen en el cajón durante la Guerra Civil, entre otras, cuya esencia también se muestra en su ajuar. De hecho, tanto es el protagonismo de la fotografía, que muchos carteles de la Semana Santa consisten en pinturas las cuales han sido fruto de inspiración en fotografías, como es el caso de Sevilla, Málaga o Huelva, o en algunos pueblos y ciudades, aparecen fotografías simplemente, como pasa en Granada, anunciando uno de los momentos más importantes y esperados durante todo el año.

Algo a destacar en una época en la que vivimos conectados, es esa rapidez con la que el material fluye a través de la red, y que, gracias a las múltiples plataformas de redes sociales, podemos llegar a conocer el rico patrimonio nacional que tenemos y las estampas más bellas en entornos increíbles. Algo casi impensable hace menos de quince años, en los que Internet apenas tenía un papel imprescindible en nuestros días.

Poder captar de forma instantánea y compartir fotografías en tiempo real hace posible que todo aquel que no pueda acudir a ver esta fiesta y tradición católica, lo puedan hacer desde la palma de su mano a través de sus teléfonos móviles, tanto en formato fotográfico como en video, además de programas de televisión dedicados expresamente para su difusión.

La fotografía tiene un papel fundamental en nuestras vidas, y es interesante saber una parte de ella. Es increíble poder mostrar al mundo aquello que ves, aquello que disfrutas, aquello que te llega al corazón y que sea posible que otros lo vean. Todo forma parte de esa magia que una simple fotografía pueda lograr, y que muy pocos pueden explicar.

Carlos Rojas Palomino

Ingeniería de Telecomunicaciones en la Universidad de Sevilla.

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