Raúl Leal: «Los jóvenes somos el aquí y ahora de las cofradías»

“La Cruz nos cambiará. Cómo te cambia tu Cruz depende de ti. Puede dejarte amargado o mejor. No sólo la cargues; crece a través de ella. Hay un propósito en tu Cruz. Se llama Resurrección.”

 

Nací en Málaga el año en el que Mª Stma de la Paz, titular de esta Real Cofradía, procesionó por primera vez. Crecí junto a mi madre en el barrio de Segalerva a la vera del río Guadalmedina, durante las primeras etapas escolares pasé por distintos colegios hasta llegar a hacer ESO y Bachiller en Salesianos, lugar donde comencé a sensibilizarme con los más necesitados y donde aprendí a confiar en la Virgen. Después de varios años bastante perdido, me encontré en la que es ahora mi casa, mi parroquia de la Victoria. Allí comencé mi camino en la fe y aprendí, a través de un Cristo crucificado y su madre a los pies, cómo se puede vivir la fe en Amor, Caridad y Fraternidad.

Actualmente, participo activamente de la vida parroquial, tanto con la Cáritas como con los jóvenes, también colaboro en la medida de mis posibilidades en la delegación de Migraciones y Juventud. En el ámbito profesional me dicen que soy un “buscavidas” pero tengo claro, gracias al Campo de Trabajo Lázaro (CTL), que el Señor me llama al servicio con las personas más necesitadas y es por esto que estoy terminando el grado en Trabajo Social de la UMA.

Cuando Pablo me hizo el encargo de realizar este artículo no supe que responder, jamás he escrito un artículo, bueno, hasta ahora. Me lo tome como reto personal y aquí estoy. Mi amigo me habló sobre la historia de su cofradía, de la importancia que tiene ésta para él y de este libro, de la pasión que les han puesto sus anteriores editores y de la gran responsabilidad y ganas que tiene de sacarlo adelante. No recuerdo el momento exacto en el que lo conocí, pero lo que siempre voy a tener claro es que es una amistad forjada en clave de Dios, de ahí, que hayamos compartido Adoremus, Encuentros Diocesanos de Juventud (EDJ), CTL y demás actividades diocesanas en las que participamos. Gracias Pablo por tu entrega y amor; ya lo sabes: “nos salvan los buenos amigos, los momentos compartidos y la fe, que es regalo y batalla.”

Se antoja muy complicado hablar sobre jóvenes, Iglesia y cofradías como un trinomio inalterable. Por ello, no podía escoger una mejor manera para hablar de ello que con un fragmento del regalo que nos ha hecho a los jóvenes el Papa Francisco, su Exhortación Apostólica Postsinodal que se denomina “Christus Vivit”:

“Quiero alentarte a este compromiso, porque sé que «tu corazón, corazón joven, quiere construir un mundo mejor. Sigo las noticias del mundo y veo que tantos jóvenes, en muchas partes del mundo, han salido por las calles para expresar el deseo de una civilización más justa y fraterna. Los jóvenes en la calle. Son jóvenes que quieren ser protagonistas del cambio. Por favor, no dejen que otros sean los protagonistas del cambio. Ustedes son los que tienen el futuro. Por ustedes entra el futuro en el mundo. A ustedes les pido que también sean protagonistas de este cambio. Sigan superando la apatía y ofreciendo una respuesta cristiana a las inquietudes sociales y políticas que se van planteando en diversas partes del mundo. Les pido que sean constructores del futuro, que se metan en el trabajo por un mundo mejor. Queridos jóvenes, por favor, no balconeen la vida, métanse en ella. Jesús no se quedó en el balcón, se metió; no balconeen la vida, métanse en ella como hizo Jesús». Pero sobre todo, de una manera o de otra, sean luchadores por el bien común, sean servidores de los pobres, sean protagonistas de la revolución de la caridad y del servicio, capaces de resistir las patologías del individualismo consumista y superficial.”

 

Este compromiso, revolución y lucha siendo este trinomio ya mencionado y en medio de una sociedad líquida y carente de valores comunitarios en la que vivimos se insinúa bastante complejo, de hecho, lo es y mucho, puede llegar a convertirse en nuestro camino al calvario particular.

En este camino cargamos con bastantes cruces entre las que está la de ser joven, es un hándicap muy difícil y más si se es cristiano, nos arrastra por un lado el individualismo, el consumismo, el aparentar algo que no somos, el quererlo todo al instante y, por otro lado también se nos complica por la infravaloración de nuestros mayores, el no querer empoderarnos, la poca confianza que nos dan, pese a todo esto, hemos de tener claro que «nadie nos tiene que tener en poco por nuestra juventud, sino que hemos de ser ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, fe y pureza» (1 Tim 4,12).

Por consiguiente también cargamos en este camino la cruz de ser cofrade, vivimos en un ambiente en el que nos tachan muchas veces, y no sin razón otras tantas, de incoherentes, de personas que tratan más de idolatrar a un cristo y una virgen que de mirar al lado y tenderle la mano al prójimo, también hasta nuestros mayores cofrades se les llena la boca diciendo que valemos mucho, que somos el futuro de nuestra Hermandad, pero, permíteme la afirmación: los jóvenes somos el aquí y ahora de nuestra cofradía, hermandad y de la Iglesia; lo dice nuestro querido Papa Francisco.

La Cruz de la Indiferencia está latente en los cristianos, y por ende en los jóvenes, hemos normalizado situaciones muy duras como la muerte en el mediterráneo de miles de personas, la trata y  la situación de los migrantes y refugiados, ya se nos relata en el evangelio: «Porque fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? Os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis» (Mt 25, 35-40); los jóvenes hemos de cargar con esta cruz y hacerle frente siendo anuncio y denuncia contra las situaciones que se han normalizado. Hace poco estuvo en Málaga la Cruz de Lampedusa, una Cruz hecha con madera de pateras que naufragaron en el mediterráneo y que el papa bendijo y mandó “llevarla a todas partes”. Cuando estuve frente a esta Cruz pensé: ¿Cuántos crucificados hay hoy en día? ¿Qué puedo hacer yo frente a esto?

Otra de las cruces que muchos jóvenes tenemos en nuestro particular camino es la de saber cómo llegar hacia otros jóvenes, como trasmitirle el mensaje de Jesús, en definitiva, cómo evangelizar. También aquí quiero que «estés alegre» (Flp 4,4. 5), los jóvenes cristianos cofrades tenemos, por suerte, la mejor manera de hacer que otras personas lleguen a Dios y es por medio de nuestros titulares. Desde nuestro compromiso en las cofradías mientras montamos un culto, tenemos un cargo en la procesión, celebramos la eucaristía, llevamos una pulserita de nuestra hermandad… Todo esto hace que alguien que no conoce el rostro de Jesús lo descubra y se sienta amado, ser joven cristiano comprometido es la mejor manera de propiciar un encuentro con Jesús.

Todas estas cruces componen el camino que nos plantea Jesús, un camino que ya te digo que no va a ser fácil, un camino que te darás cuenta de que el Señor «está contigo todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 20,28). Muchas veces en este camino te encontrarás apático, pensando que todo lo que estás haciendo es en vano, que no sirve para nada, que por mucho que hagas, has suspendido un examen, siguen sin valorarte en tu cofradía o te siguen mirando como el bicho raro por ser cristiano, no desistas, continúa el camino «hermano mío y permanece fuerte y constante, trabaja siempre para el Señor con entusiasmo, porque tú sabes que nada de lo que haces para el Señor es inútil» (1 Cor 15, 58). Hemos de discernir si queremos este estilo de vida que Jesús nos propone, no va a ser tarea sencilla y muchas veces vamos a querer apartarnos de él, pero « ¿quién nos apartará del amor de Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, la persecución, el hambre, la indigencia, el peligro, o la violencia?» (Rm 8, 35).

Por último os dejo el deseo final que tiene el Papa Francisco para los Jóvenes Cristianos:

“Queridos jóvenes, seré feliz viéndolos correr más rápido que los lentos y temerosos. Corran «atraídos por ese Rostro tan amado, que adoramos en la Sagrada Eucaristía y reconocemos en la carne del hermano sufriente. El Espíritu Santo los empuje en esta carrera hacia adelante. La Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones, su fe. ¡Nos hacen falta! Y cuando lleguen donde nosotros todavía no hemos llegado, tengan paciencia para esperarnos».”

Raúl Leal Rueda.

 

 

 

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